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La SCJN determina que gobierno de Chihuahua puede investigar a Peña Nieto

Propinan revés al expresidente, al modificar la suspensión que lo protegía del proceso de la Fiscalía estatal

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) propinó un revés al expresidente de la República, Enrique Peña Nieto, y modificó la suspensión que hasta ahora lo protegía de que la Fiscalía General del Estado de Chihuahua lo investigue por delitos del fuero común.

Durante la sesión de la Segunda Sala de la SCJN, los ministros determinaron que el gobierno de Chihuahua puede investigar a Peña Nieto únicamente por los delitos que afecten a la entidad y no puede proceder en su contra cuando se trate de ilícitos federales.

La resolución, cuyo proyecto corrió a cargo del ministro Javier Laynez Potisek, fue emitida en el recurso de reclamación presentado por la Fiscalía de Chihuahua contra la suspensión concedida a favor de Peña Nieto y de su gabinete por Eduardo Medina Mora, en octubre de 2018.

La Sala precisó que los fiscales de Chihuahua no pueden proceder contra el expresidente por las decisiones que tomó en ejercicio de sus funciones como servidor público federal.

La suspensión originalmente protegía a Peña Nieto y a su gabinete para contra las investigaciones de autoridades estatales por supuestos desvíos de recursos a campañas electorales.

El acuerdo del ministro Medina Mora establecía que de no concederse la suspensión, se podría generar una situación grave de impunidad al no tener certeza de cuáles son los fiscales y jueces competentes para procesar las investigaciones en contra de los funcionarios.

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La creación de empleo formal en México cae un 88% durante mayo

Durante el quinto mes del año se generaron 3.983 puestos de trabajo con seguridad social y prestaciones según las cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS)

La creación de empleo formal en México se desplomó durante mayo. De acuerdo con las cifras oficiales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se crearon solamente 3.983 empleos formales, lo que supone una caída de 88,2% respecto a los 33.966 puestos creados en mayo de 2018. La institución atribuye en su reporte la caída a «efectos cíclicos». El IMSS abunda que este indicador es el resultado de una disminución de 36.861 empleos eventuales acompañados de la creación de 40.664 empleos permanentes. El dato es el peor para un mayo desde 2015.

Durante los primeros cinco meses del año México, la segunda economía de América Latina por detrás de Brasil, generó 303.545 puesto de trabajos formales, una caída del 38% respecto al mismo periodo de 2018, que registró 489.617 puestos. Es la peor generación de puestos de trabajo con prestaciones y seguridad social en los primeros cinco meses del año desde 2013.

José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) ha señalado que las caídas en los indicadores laborales son un reflejo de la desaceleración económica en México. «Se subestimó la desaceleración económica. El Gobierno [de Andrés Manuel López Obrador] tenía una expectativa de crecimiento de 2% para este año que no se está cumpliendo y la austeridad en el gasto, el propio Gobierno despidió personas y eso implicó que las empresas vinculadas con el sector público ya estén enfrentando problemas», ha explicado.

Aunado a las políticas de austeridad impulsadas por el líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), De la Cruz ha advertido que desde agosto de 2018 el sector privado ha registrado una tendencia a la baja en sus decisiones de inversión. Las empresas han cerrado sus carteras ante la incertidumbre del mercado interno, la escalada de violencia en el país y las amenazas comerciales del Gobierno estadounidense. «La incertidumbre que se ha generado en la relación con Estados Unidos en los últimos meses también ya es un factor depresivo para la economía y de incertidumbre para la inversión de las empresas que ven a México como plataforma exportadora a Estados Unidos», ha agregado.

López Obrador se reunió la semana pasada con los principales empresarios del país. La reunión culminó con una generosa promesa: 32.000 millones de dólares de inversión para 2019. El diagnóstico desde la mesa de los analistas es menos complaciente debido a que la austeridad continuará marcando el gasto público y la amenaza arancelaria de Trump sigue vigente. Los anuncios sobre la cancelación de proyectos como el Aeropuerto Internacional en Texcoco o la cancelación de las próximas rondas energéticas, agrega De la Cruz, no inciden en la confianza para futuros desembolses del sector privado.

La reducción de ofertas laborales formales atiza el fantasma del empleo informal, en el que ya trabajan más de 30 millones de mexicanos, un 57% de la población económicamente activa. La falta de oportunidades y la precariedad de salarios han abonado a que los empleos precarios sigan al alza en el país. De acuerdo con el IMSS, el salario base de cotización de los trabajadores asegurados es de 377 pesos diarios (19,74 dólares).

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El secuestro de un estudiante

Desde hace tiempo, la inseguridad volvió a meterse en la conversación de quienes vivimos en la Ciudad de México

Hace unas semanas, la conversación pública en la Ciudad de México se cimbró con la noticia del secuestro y asesinato de un estudiante universitario. Norberto Ronquillo, 22 años, casi graduado. En las imágenes de las cámaras de seguridad se le ve salir de la universidad en su automóvil, un joven como tantos más. Días después apareció el cuerpo. Medios y redes sociales dieron cuenta del rescate que se pidió, de manifestaciones de compañeros y familiares, de la (in)acción de autoridades, del reclamo público de la universidad. Luego la voz de la madre, Norelia Hernández: yo venía a la Ciudad de México por el diploma de mi hijo y me llevo su acta de defunción.

El asesinato de Norberto sacudió conciencias, despertó miedos y activó protestas desde las más diversas intenciones. Y es que no se trata de un caso aislado. Desde hace tiempo, la inseguridad volvió a meterse en la conversación de quienes vivimos en la Ciudad de México. Ya la gestión del jefe de Gobierno anterior, Miguel Ángel Mancera, había dejado el ánimo social de la capital del país en mínimos: una ciudad descolocada, creciente inseguridad en calles y a domicilio, una reconstrucción post sísmica que nunca terminó y la indecente frivolidad de no querer reconocer la operación del crimen organizado, llevaron a la derrota electoral a quien, seis años antes, había arrasado en las urnas. La llegada de la nueva jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, cercana al presidente López Obrador, traía consigo la narrativa de reconstrucción de paz y seguridad capitalinas. Pero estos primeros meses del nuevo Gobierno han sumido a la Ciudad de México en una crisis de seguridad. El secuestro y asesinato de Norberto Ronquillo y, pocos días después, el asesinato de otro estudiante —Leonardo Avendaño— fueron, en este contexto, la puntilla que derrumbó la poca paciencia que quedaba.

¿Es injusto culpar de la inseguridad al Gobierno de Sheinbaum después de haber heredado la Ciudad de México en condiciones lamentables? ¿Es injusto cebarse en críticas a la jefa de Gobierno capitalino cuando el país todo está azotado por nuevas olas de inseguridad?

Tal vez lo sea, pero el acto de gobernar implica asumir la responsabilidad de lo que sucede. Si, como ha dicho Sheinbaum, la entrada del nuevo Gobierno significó la ruptura del pacto criminal que mantenían las autoridades anteriores, está obligada a denunciarlo. Si el desmantelamiento de las estructuras policiacas existentes descolocó cualquier control temporal de la criminalidad en la ciudad, debe comunicarlo con claridad y actuar con resultados. Si desde diversos frentes se está articulando una nueva política de seguridad, debe activar a los mejores voceros para no permitir vacíos informativos. Y si la ciudadanía se duele y asusta por asaltos, secuestros y asesinatos, no debe arroparse en las porras interesadas de López Obrador ni pretextar el “maltrato de unos grandulones y abusivos”, sino desde la empatía tenderle la mano comunicativa a la gente que quiere saberse acompañada en el dolor, no confrontada.

“Cuando vi el video de unas personas que eran asesinadas en un puesto de comida mientras su bebé, herido, se retorcía de dolor antes de morir, no pude más”, dice Vampipe, célebre tuitero por ácido y ocurrente. Y decidió escribir en sus redes sociales que más que criticar, se ofrecía a decir “en qué puedo ayudar”. Lo tundieron por vendido, por entregado. Pero él se sostiene: hay cosas de las que ya no me puedo reír.

En su discurso de despedida como alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena habló de cuidar la democracia: “así como cuidamos los afectos, las amistades, los amores, tenemos que cuidar las instituciones, porque las instituciones son la estructura de paz que permiten la vida social”. Cuidar significa cultivar e implica al colectivo. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México tiene la gran oportunidad de convocar a cuidar, enderezar y crecer esa estructura de paz. Pero para ello necesita mirar a los que gobierna, no evadirlos con recelo.

Ojalá el secuestro de un estudiante, por doloroso que sea, se convierta en oportunidad de vislumbrar la paz.

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México aumentará los controles a migrantes en los transportes

López Obrador anuncia que se exigirá una identificación en viajes de largo trayecto para evitar que crucen el país de manera ilegal

Si hay una muestra fehaciente, y voluble, de la sumisión de México a las exigencias de Donald Trump es la cuenta de Twitter del presidente de Estados Unidos. El inquilino de la Casa Blanca ha dejado de amenazar compulsivamente a su vecino del sur, de criticar sus leyes y de exigir que pongan fin a la migración hacia el norte para celebrar la eficacia del Gobierno de López Obrador, que tras firmar un pacto par evitar la imposición de aranceles exhibe la mano dura que reclama Trump, erigiéndose, en cierta manera, en su policía migratoria.

Hace dos semanas que en México se repite un mantra, entre críticos y no tanto de López Obrador, a raíz del acuerdo con Estados Unidos: México se ha convertido en el muro deseado por Trump. No es de extrañar que el mandatario estadounidense le devuelva el agradecimiento desde su red favorita: “México, aplicando sus duras leyes migratorias, está haciendo un gran trabajo frenando gente”, tuiteó. La política de puertas abiertas a los migrantes centroamericanos ha dejado paso a un endurecimiento de los controles y el refuerzo del territorio, con el despliegue de 6.000 militares, especialmente en la zona sur. Todo ello amplificado por el Gobierno de López Obrador, que anuncia cada decisión que adopta para hacer el mayor eco posible y que resuene, sobre todo, en la Casa Blanca.

La última decisión de México, según deslizó el presidente en su rueda de prensa matutina, a la que desde hace dos semanas suele acudir el canciller, Marcelo Ebrard, para detallar los avances, es que exigirá un registro a las compañías de autobuses a que identifiquen a todos sus pasajeros para evitar que crucen el país de forma ilegal. “En el transporte público, en los viajes de trayectos largos, está demostrado, se tienen pruebas de que un porcentaje considerable del pasaje viaja sin ningún registro”, afirmó López Obrador, sin concretar cifras ni ejemplos: “Vamos a poner orden en eso, que nos ayude la gente mostrando su credencial para que haya más control”.

El nuevo anuncio llega un día después de que el Gobierno mexicano exhibiese de nuevo mano dura con la detención de casi 800 migrantes que viajaban en la zona de carga de cuatro camiones. El arresto, que la Cancillería se ha esforzado en publicitar como nunca antes, ilustra las mafias de tráfico de personas que, desde hace décadas, están implantadas en territorio mexicano. Pese a todo, López Obrador rechaza hablar de cesiones y mucho menos de crisis interna –a pesar de la dimisión del responsable de Migración– y celebra constantemente que con su cambio de política ha evitado una guerra arancelaria. Por su parte, el canciller Ebrard incide en que México ha conseguido el apoyo de Estados Unidos para un plan de desarrollo en Centroamérica, extremo que todavía no está del todo detallado. Este jueves, no obstante, López Obrador se reunirá con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en el sur de México para abordar la crisis.

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El Popocatépetl expulsa fumarola de más de cuatro kilómetros de altura

Las autoridades piden a la población no acercarse al volcán, y mantenerse en alerta ante cualquier cambio

El Popocatépetl expulsó esta mañana una fumarola de más de cuatro kilómetros de altura, por lo que las autoridades piden a la población no acercarse al volcán, y mantenerse en alerta ante cualquier cambio del coloso.

La explosión se detectó a las 06:44 horas con una altura de entre cuatro y cinco kilómetros, informó el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).

En su cuenta @CNPC_MX en Twitter, la Coordinación Nacional de Protección Civil señaló: «Volcán #Popocatépetl. A las 06:44 h, se detectó una explosión con una altura entre 4 y 5 km. El de alerta se encuentra en #AmarilloFase2. Se exhorta a no acercarse al volcán».

Ante la posible caída de ceniza, se recomienda cubrir nariz y boca con pañuelo o cubreboca, limpiar ojos y garganta con agua pura, utilizar lentes de armazón y evitar los de contacto, cerrar ventanas y cubrirlas, y permanecer el mayor tiempo posible dentro de casa.

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Mal año para las buenas intenciones

El Gobierno mexicano tendrá que hacer un trabajo que no tenía pensado: convertirse en colaborador obligado de la política antimigratoria estadounidense

El Gobierno mexicano inició el sexenio con anuncios de altas miras políticas. Entre ellos, de forma destacada, la adopción de un nuevo enfoque ante la corriente migratoria, principalmente centroamericana, que cruza nuestro país con rumbo a Estados Unidos. Se ofreció una postura comprensiva y solidaria. Los antecedentes urgían a un cambio: la ola de violencia contra los migrantes a lo largo de la presidencia de Enrique Peña Nieto dejó episodios espeluznantes, como los de San Fernando, Tamaulipas, y también miles de desaparecidos y una tonelada de reportes de maltratos, violaciones, secuestros, extorsiones… En enero pasado y de visita en Chiapas, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, aseguró que el Gobierno “ha extendido una mano generosa a esta emergencia y ha aceptado el ingreso ordenado, seguro y regular de miles de migrantes”. Se prometieron visas y apoyos económicos y se estableció que la prioridad sería la protección de los derechos humanos. El gesto significaba una respuesta mesurada pero firme al Gobierno de Donald Trump, siempre obsesionado con criminizalizar a los migrantes. Y prometía dar una vuelta de tuerca ese racismo y xenofobia tantas veces instigados por las mismas instituciones mexicanas…

Pero la realidad le cayó encima al plan: Trump, cabeza visible de la corriente antimigratoria en este lado del mundo, decidió dar un manotazo en la mesa y exigió que el paso fuera cerrado de golpe. Pese a los tratados de libre comercio vigentes entre su país y el nuestro, amagó con imponer aranceles a las exportaciones mexicanas si no se tomaban medidas radicales. Y así fue como, quizá sin gusto pero con mucha prisa, el Gobierno mexicano no encontró más remedio que ceder. La “mano generosa” se cerró.

El pasado jueves, el canciller Marcelo Ebrard aprovechó la conmemoración de los 80 años del exilio español en México para hacer una declaraciones que muestran el cambio de rumbo. “El Gobierno decidió empezar un proceso en donde te tienes que registrar, tienes que decir a qué vienes y por qué vienes; y si quieres atravesar nuestro territorio para llegar a otro país, pues probablemente lo que vas a encontrar es que te vamos a decir ‘no queremos que atravieses nuestro territorio’, si vas de paso, si tu objetivo es llegar a otro país. ¿Por qué? Porque le vas a crear un problema a nuestro país”. El problema, desde luego, tiene nombre y apellido. Donald Trump. La amenaza se contuvo, la semana pasada, con un acuerdo in extremis, pero el problema de fondo sigue. Hay un plazo acordado de 45 días para que las medidas de contención den resultados… O Trump se reserva el derecho de tomar represalias. Una extorsión en toda regla, vaya. El sábado, el presidente López Obrador quiso quitar hierro a las durísimas palabras de Ebrard y pidió a los mexicanos respetar y dar buen trato a los migrantes (y de paso, “a todos los seres del Universo”). Pero la buena voluntad retórica no oculta que su Gobierno tendrá que hacen un trabajo que no tenía pensado: convertirse en colaborador obligado de la política antimigratoria estadounidense.

Esto representa un reto doble: por un lado, mantener la estabilidad económica y eludir las sanciones. Y, para el gobierno, parece que el único modo de lograrlo es dándole gusto al extorsionador presidente vecino. Pero por otro lado, es evidente que una corriente migratoria no se detiene por decreto. El sur de México es ahora mismo un cuello de botella en el que miles de personas se encuentran atrapadas. ¿Habrá trabajo y apoyo para todas? ¿Con qué presupuesto? ¿O las deportaremos por miles? ¿Se combatirá, al fin, a las mafias que abusan de los migrantes? Y, sobre todo: ¿qué se hace con las buenas intenciones cuando la realidad te convierte en el cadenero que debe cerrar el paso a aquel al que prometiste echar una mano?

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Tijuana siempre aguanta

Acostumbrada a vivir cerca de la catástrofe, la ciudad fronteriza asume con naturalidad la llegada en tromba de migrantes o amenazas como la imposición de aranceles

Cerca de la rotonda Abraham Lincoln, en Tijuana, junto a la puerta del café Baristi, Alejandra Preciado espera su uber para irse a casa. Las noches siguen siendo frías en la ciudad. Ha sido un invierno largo y apenas empiezan a calentarse los días, pero en estas avenidas amplias el calor de la tarde se disipa rápido y las noches, con las calles vacías, parecen un recuerdo de meses pasados.

Alejandra dirige un negocio de artículos de importación en la ciudad. Prefiere no decir de qué se trata, no quiere problemas. No es que los haya tenido antes, pero ha vivido suficientes años aquí para conocer unas cuantas historias de comercios abatidos por la extorsión y las amenazas. Lo que sí dice es que semanas como la pasada son una locura. La amenaza de Donald Trump de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas provocó una subida del dólar frente al peso, que hizo que sus compras se encarecieran. «Nos pegan mucho cosas así, en pocos días un dólar pasó de costar 17.90 a 19.20. Y eso, cuando compras en cantidad, es un problema».

Llega el uber. Alejandra sube. La mujer, de 31 años, da toda una explicación de por qué este lado de la frontera necesita tanto del otro y viceversa. «El comercio en el sur de California depende mucho de los mexicanos que suben», dice. «Aquí en Tijuana no hay malls, justo porque al otro lado hay mucha competencia. La gente cruza para ir a comprar, a poner combustible, a todo», añade. Alejandra recuerda el caos que se armó en la ciudad en noviembre, cuando el Gobierno de Estados Unidos cerró el paso de San Ysidro por unas horas, después de que un grupo de migrantes intentara cruzar a la fuerza. «No se movía un alfiler aquí, estaba todo colapsado».

En la frontera más transitada del mundo, la catástrofe parece siempre inminente. Los picos periódicos de violencia, la llegada masiva de migrantes, el cierre de la frontera… Cualquier movimiento del dólar trastoca la economía de las familias. Esta semana, Berenice Elorza, 33 años, contaba los quebraderos de cabeza que le han traído los últimos seis meses de tuits del presidente Trump. Berenice trabaja para una empresa «binacional» que desarrolla software a medida. Tienen clientes en San Diego y Los Angeles. También en México. «Cada vez que [Trump] dice algo pasan dos cosas: el dólar sube y el gringo no quiere venir. Se genera una psicosis. Y aquí todo es en dólares, muchas rentas se pagan en dólares, el doctor, los carros usados se compran en dólares».

Berenice cuenta que ella compra mucho equipo de cómputo en San Diego. Ocurre que mucho de lo que compra se fabrica aquí y se exporta allá. Así que los aranceles le acabarían afectando, ¡como consumidora en Estados Unidos! «Es de locos», zanja.

Migración y comercio son caras de la misma moneda en la frontera. Y más ahora. Del desempeño de México conteniendo el flujo de centroamericanos que buscan vida en el norte dependerá el recrudecimiento de las amenazas de Estados Unidos sobre la reglas del comercio binacional. Esa es al menos la letra pequeña del acuerdo que alcanzaron ambos países la semana pasada. Si en mes y medio no hay resultados, los aranceles vuelven a estar sobre la mesa. La sensación es que todo está en el aire y que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. Y eso afecta a los locales y a los que llegan de paso.

Estancias largas
Si en el plano comercial la catástrofe parece poco menos que inevitable, en el migratorio uno se pregunta cómo no ha ocurrido todavía. En noviembre, miles de centroamericanos llegaron en caravana a Tijuana. Con los albergues colapsados, las autoridades alojaron a cientos en un predio al aire libre, junto a una vía rápida, frente al muro. Llovía, empezaba el invierno. La explosión parecía inevitable y sin embargo…

Seis meses y medio más tarde, los albergues siguen atiborrados mientras cientos de migrantes esperan su turno para pedir asilo en Estados Unidos. La explosión no llega. Como una esponja, la ciudad absorbe y absorbe. En la Casa del Migrante de la colonia Buena Vista, cerca del río, dormían esta semana más de 130 mujeres con sus niños, cuando hay camas para 44. La hermana Adelia Contini, directora del centro, dice que algunos de los migrantes que llegaron en noviembre se volvieron, otros se fueron a otra ciudad, algunos se han quedado pendientes de su asilo… Hasta ahora, dice, los migrantes circulaban más o menos rápido, pero desde hace dos meses van a su entrevista para pedir asilo y vuelven. Y con el anuncio que hizo el sábado el canciller Marcelo Ebrard en esta misma ciudad, de que México recibirá una primera tanda de 8.000 migrantes en espera de asilo, la situación no parece que vaya a mejorar.

Detrás de las cifras, claro, hay historias. Y muchas son terribles porque sus protagonistas carecen de espacio para zafarse de la ansiedad, el nerviosismo o la frustración. Es el caso, por ejemplo, del haitiano Benôit Rislo, de 36 años, que llegó a Tijuana hace casi dos meses con su esposa y su hija, que tiene año y medio. La niña está enferma, dice, y en el hospital la tienen en lista de espera. Es algo del corazón, explica, aunque no especifica qué. El problema es que la lista de espera del hospital ha iniciado, en la cabeza de Benôit, una disparatada carrera con la lista del asilo en la frontera, la lista en la que él, su esposa y su hija están apuntados desde hace casi dos meses y que les permitirá, de aquí a unas semanas, pedir asilo en Estados Unidos. El dilema es terrible. ¿Qué ocurrirá si le llaman del hospital y justo entonces les toca ir a la entrevista por el asilo?

O el caso también de la hondureña Norma Lizeth Rodríguez, de 29 años, que viaja con su hijo desde Cortés. Este lunes, los dos descansaban en una banqueta junto a la garita fronteriza de El Chaparral, donde todas las mañanas los agentes de migración mexicanos llaman a entre 20 y 80 personas de la lista, para las entrevistas de asilo al otro lado de la frontera. Norma tiene el número 2.967 y por entonces aún iban por el 2.634. Es decir, un mes o más de espera. Norma parecía desesperada. Sin dinero, viviendo en una bodega a tres horas de la garita, pagando la renta de la bodega con lo que gana limpiando un restaurante, no sabe qué hacer. «La realidad aquí», dice, «es que la mayoría de gente se salta a Reynosa. Pero es caro. Tienes que ir a Monterrey y de ahí te recogen en la terminal de camiones, te llevan a una bodega, te llevan a Reynosa y te tiran al río. Cuesta 900 dólares», explica. ¿Tanto? «Pues eso cobran», dice. ¿Quién? «Los coyotes», añade. Norma dice que no hay forma de llegar a Reynosa, con un niño de nueve años, con cara, dice, de migrante, y que la mafia no lo sepa.

Para Benoit, para Norma, volver no es una opción. El primero porque ya no tiene a nadie en Haiti, nadie que le pueda ayudar. En Estados Unidos, al menos, sí. Norma, porque huyó de Cortés después de que un vecino la amenazara de muerte. Ella piensa que si la escuchan la dejarán pasar. Cuando lo dice señala a Junior, su hijo, que tiene una enorme cicatriz en la cara.

Norma cuenta que ese vecino atropelló hace unos meses al niño, sin querer. Lo atropelló sin querer, pero en lugar de ayudarlo, huyó. Norma fue a la policía a denunciarlo y ese fue el principio del fin de su vida allá en Cortés. «A los días de yo denunciarlo», dice, «me llegó un chavalo y me dijo que ya dejara el caso y que me desapareciera de allí». De su vida, del colegio del niño, de su trabajo en la fábrica de sudaderas. Y Norma, dice, se desapareció.

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Muere la actriz mexicana Edith González a los 54 años

La protagonista de numerosas telenovelas anunció en 2016 que padecía cáncer de ovario

La actriz mexicana Edith González ha muerto este jueves a los 54 años tras luchar desde 2016 contra un cáncer de ovario. Fuentes allegadas a la actriz han explicado que llevaba varios días ingresada en un hospital del Estado de México, en el centro del país. De acuerdo con la coordinadora de Televisa Espectáculos, la actriz mexicana fue desconectada este jueves por la madrugada. Sus familiares confirmaron a través de un comunicado su muerte: «Su deceso fue consecuencia de un súbito deterioro de salud resultante de una recurrencia del cáncer». La mexicana, famosa por ser la primera intérprete de Las noches de aventurera (1998) y sus papeles en telenovelas como Corazón salvaje (1993-1994) y Monte Calvario (1986), había permanecido dos años alejada de los focos a causa de su enfermedad. Pero en febrero pasado había vuelto a participar en programas de televisión dedicados a la moda.

Lo que comenzó como un dolor estomacal se convirtió en una extirpación de emergencia de tumores cancerígenos en 2016. La mexicana anunció ese año a través de su cuenta de Instagram que fue intervenida por dolores en el área abdominal que resultaron ser producto de unos tejidos cancerosos. En numerosas entrevistas a medios locales la actriz mostró una actitud positiva frente al diagnóstico: «Sé que es una tragedia, pero no lo asumo como tal. Para mí simplemente es un paso, es una fase y heme aquí», declaró a El Universal. La propia Edith González dio a conocer un año más tarde que había mejorado, pero meses más tarde sufrió una recaída. Tras el diagnóstico, la actriz se dedicó a ofrecer conferencias para pacientes con cáncer.

Edith González nació en 1964, en Nuevo León. Fue una estrella desde los cinco años y a partir de la década de los setenta se convirtió en una figura señalada de la televisión mexicana. Durante sus más de cuatro décadas sobre los escenarios, participó en telenovelas de tanto éxito como Los ricos también lloran (1979), Rosa salvaje (1987) y Nunca te olvidaré (1999), entre muchas otras. También trabajó en teatro y cine con películas como Fabricantes de pánico (1980), Adiós lagunilla, adiós (1984) y Pero sigo siendo el rey (1988), entre otras. En 2004 tuvo una hija con el político Santiago Creel, del partido de derechas Acción Nacional. Años más tarde se casó con el empresario Lorenzo Lazo, con quien compartió sus últimos años de vida.

La Asociación Nacional de Interpretes (ANDI), decenas de actores, actrices y conductores de televisión han lamentado el fallecimiento de Edith González y han expresado su apoyo a su hija de 14 años y su esposo. El cuerpo de la actriz será velado en el Teatro Jorge Negrete, de la Asociación Nacional de Actores en Ciudad de México.

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Asesinada la periodista Norma Sarabia en el Estado mexicano de Tabasco

Sarabia, corresponsal del diario ‘Tabasco hoy’ en Huimanguillo, ha recibido varios disparos en la puerta de su casa

México suma ya seis periodistas asesinados en lo que va de 2019. La reportera Norma Sarabia ha fallecido este martes tras ser tiroteada en la puerta de su casa en Huimanguillo, en el Estado de Tabasco (sur de México). La corresponsal en esta localidad del diario Tabasco hoy durante más de 15 años fue atacada por dos sujetos armados que dispararon desde una motocicleta, según ha informado el periódico para el que trabajaba.

La sangría contra la prensa no cesa en México. Hasta este martes seis periodistas han sido asesinados durante 2019, una cifra similar a la de los últimos años, especialmente sangrientos para los informadores, según datos de la organización Artículo 19. Hasta el 11 de junio de 2018 se contabilizaron cuatro informadores asesinados, en 2016 fueron cinco y seis en 2017, el año más violento para los reporteros desde el 2000.

La localidad, situada en el límite con el Estado de Veracruz, sufre desde hace tiempo el aumento de la violencia. Este mismo lunes fue asesinado un líder sindical en este municipio de unos 180.000 habitantes, situado a unos 70 kilómetros de la capital del Estado.

La policía local ha acordonado la zona cercana a la vivienda de Sarabia y hasta el lugar de los hechos se ha trasladado la Fiscalía General del Estado para investigar lo ocurrido. La Asociación Tabasqueña de Periodistas ha lamentado el asesinato a través de Twitter. También lo ha hecho el director editorial de Tabasco Hoy: «Lamentamos profundamente su muerte y nos solidarizamos con su familia», ha asegurado. El colectivo Artículo 19, organización a favor de la libertad de prensa en México, ha exigido a las autoridades que el homicidio de Sarabia tenga como principal línea de investigación su labor periodística. De acuerdo con sus indicadores siete periodistas han muerto por actividades derivadas de su profesión como reporteros durante la Administración de Andrés Manuel López Obrador.

Durante los seis años que estuvo el expresidente Enrique Peña Nieto en el poder 47 reporteros fueron asesinados y México se convirtió en el país más peligroso para ejercer la profesión, según denuncia Artículo 19. En los primeros seis meses de mandato de López Obrador poco parece haber cambiado. La tendencia sigue siendo la misma.

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López Obrador, el populista engañoso

Por la mañana el presidente mexicano propone una tesis que suscribiría un estadista de inspiración humanista, por la tarde lanza un exabrupto, voluntarista y atropellado

A López Obrador es más fácil amarlo u odiarlo que intentar comprenderlo. La derecha lo detesta y los sectores ilustrados lo desprecian, la izquierda moderna le tiene desconfianza y los mandatarios de la mayor parte de los países no saben qué pensar de él. Para muchos mexicanos, la mayoría según encuestas, el presidente es un redentor del cambio, para otros un reventador de instituciones. A seis meses de haber llegado al poder sus palabras y acciones han recrudecido la polarización que provocaba como candidato.

En la práctica, lo que estamos viendo en realidad es un presidente, cargado él mismo de claroscuros, metido en una tarea que a ratos parecería imposible: desmontar los privilegios y excesos en un país que los tiene tan arraigados y propiciar una transferencia a los sectores empobrecidos, sin provocar inestabilidad económica y financiera. Sus tesis son consideradas de un populismo trasnochado de izquierda, pero buena parte de sus estrategias económicas y de finanzas públicas son impecablemente neoliberales. La austeridad en el gasto público, el control de la inflación y del endeudamiento gubernamental y la disminución de la burocracia son medidas que suscribirían los más ortodoxos del FMI. Se habla del autoritarismo de López Obrador y el riesgo que supone un Gobierno intolerante. Pero al mismo tiempo se le critica por su pasividad para utilizar el uso de la fuerza, que ha llevado, incluso, a un rosario de excesos en contra de militares por parte de pobladores.

A ratos un estadista humanitario, a ratos un líder voluntarista y pendenciero con poder; días en que parecería envolverse en la retórica poco realista, y otros días en los que actúa con responsabilidad intachable inmersa en la real politik (la negociación con Trump, por ejemplo, que podría prestarse a las mil maravillas para envolverse en el discurso nacionalista de cara a la calle, fue conducida con un ojo permanente en los mercados y cadenas productivas).A ratos un estadista humanitario, a ratos un líder voluntarista y pendenciero con poder; días en que parecería envolverse en la retórica poco realista, y otros días en los que actúa con responsabilidad intachable inmersa en la real politik (la negociación con Trump, por ejemplo, que podría prestarse a las mil maravillas para envolverse en el discurso nacionalista de cara a la calle, fue conducida con un ojo permanente en los mercados y cadenas productivas).

Esta ambigüedad que arrojan las lecturas del Gobierno de López Obrador obedecen, a mi juicio, a tres factores. Por una parte, las contradicciones que provoca intentar un cambio de régimen a contrapelo de las élites, lo cual supone a ratos oponerse a ellas y a ratos negociar y conciliar. Quizá no siempre lo hace con el tacto necesario, pero está convencido de que la mejor estrategia es una mezcla de invites y recriminaciones. Un día establece lazos de sangre con un importante inversionista internacional que lo visita o con un grupo de empresarios de élite; al día siguiente sacude el avispero del mundo de los negocios con una punzada aparentemente innecesaria. Muchas de las incongruencias que observamos tienen que ver justamente con el terreno ignoto en el que las intenciones de cambio se están moviendo. López Obrador da dos pasos adelante y uno atrás, ensayo y error, propio de alguien que abre camino entre selvas y obstáculos.

Un segundo factor tiene que ver con su propia idiosincrasia. El hombre, este hombre, es su circunstancia: poco viajado por el mundo pero un visitante asiduo del México profundo, con visiones y lenguaje que conectan con el mundo rural y urbano marginal, aunque desajustado para comunicar con las élites económicas e intelectuales. Convicciones muy firmes, revestidas por lecturas de historia y política reducidas pero profundamente arraigadas. Un opositor cuya trayectoria estuvo marcada por las infamias de lo que llama la mafia en el poder. A ratos un presidente que sabe lo que quiere y tiene confianza en lo que está haciendo, a ratos un dirigente que asume que toda oposición y crítica forma parte de la confabulación y mala leche de sus enemigos de siempre (que, por supuesto, existen). Por la mañana propone una tesis que suscribiría un estadista de inspiración humanista, por la tarde lanza un exabrupto, voluntarista y atropellado, en contra de calificadoras internacionales que no coinciden con sus apreciaciones, convencido de que hay un juego oculto contra su Gobierno. En suma, días en que todos los mexicanos están incluidos en el país que nos propone y jornadas en las que solo caben los pobres y los que piensan como él.

Y un tercer factor tiene que ver, en efecto, con sus detractores de buena y mala fe. Aquellos que están decididos a impedir cualquier cambio que afecte sus intereses y privilegios y aquellos que están preocupados por los excesos que deriven del poder que ha acumulado el presidente y su desdén por las instituciones de la democracia burguesa en su afán de empoderar a los pobres. En la práctica, la visión polarizada del Gobierno de la 4T es resultado, también aunque no exclusivamente, de este tercer factor: todo lo que hace y dice es calificado y difundido como una muestra adicional de incapacidad o perversidad.

Son los riesgos, me parece, de un presidente que ha llegado al poder por el voto de los muchos que quisieron que las cosas se hicieran diferente, aunque seamos incapaces de ponernos de acuerdo en el cómo.