No morirá la flor de la palabra… La radio comunitaria

Entre los últimos años del siglo XX y la primera década del siglo XXI en México han nacido un gran número de radios comunitarias, buena parte de ellas impulsadas por pueblos y organizaciones indígenas. El fenómeno es de excepcional relevancia, porque expresa la vitalidad de las culturas indígenas y la articulación en la vertiente comunicativa y cultural de la lucha por el derecho a la autonomía de los pueblos indígenas, derecho formalmente reconocido por la legislación mexicana e internacional, pero efectivamente violado por las instituciones y las políticas de Estado. En el ejercicio de la comunicación los pueblos indígenas están construyendo su autonomía de facto y sin pedir permiso, así como lo hacen instalando municipios autónomos, impulsando programas educativos y de salud diferentes, estableciendo sistemas propios de seguridad y justicia comunitaria y creando proyectos productivos autogestionarios.

Las radios comunitarias no son contempladas por la legislación vigente en México, que solamente otorga «concesiones» para el sector privado-comercial, y «permisos» sin derecho a comercializar el tiempo-aire. Las estaciones permisionadas son, casi exclusivamente, ligadas a universidades y organismos gubernamentales y representan menos de 20% del total de emisoras (SCT, 2010). Según un reciente informe de organismos internacionales, «la radiodifusión comunitaria no es reconocida en la legislación mexicana.

Aunque en la práctica, y después de una lucha intensa comenzaron a operar emisoras con ese perfil, la Ley Federal de Radio y Televisión sólo las reconoce como radiodifusoras con permiso o permisionarias. Dentro de la definición de los tipos de radiodifusoras que pueden operar con permiso, tampoco aparece el término ‘comunitario’ ni otro similar» (CIDH/ONU, 2010:6).

Sin embargo, en los últimos quince años, en toda la república ha surgido una multitud de radiodifusoras por iniciativas de la sociedad civil, la mayoría de ellas al margen de la ley: las radios comunitarias, cuyo número se estima en alrededor de 200.

En México, las radios comunitarias pioneras son Radio Teocelo y Radio Huayacocotla, ambas ubicadas en el estado de Veracruz. «Radio Huaya», ubicada en una región poblada por campesinos mestizos, nahuas y otomíes, nace en 1965 como radio-escuela, para transformarse después en una radiodifusora «cultural y educativa». En la región es muy escuchada, aun cuando por mucho tiempo difundió su señal en onda corta y sólo recientemente obtuvo una frecuencia en FM. Radio Teocelo nació en el mismo año, cobijada por un organismo ligado a los jesuitas, pero su desarrollo recalca el de una radio comunitaria a cargo de un «consejo ciudadano». Esta estación se distingue por ser la primera legalmente constituida en el país (Radio Teocelo, 2010).2

Hay un debate amplio sobre la definición de radio comunitaria y las diferencias respecto a otras radios que emiten a nivel local, y que en su gran mayoría no cuentan con permisos: radios sociales, comerciales, piratas, vinculadas a iglesias y educativas, entre otras denominaciones específicas, que operan y conviven actualmente en contextos tanto rurales como urbanos de todo el país. La especificidad de las radios comunitarias tiene que ver esencialmente con el proceso organizativo que está detrás de la radio y con los vínculos que ésta establece con la comunidad en la que transmite.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *