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Casi medio millar de muertos desde mayo en el último bastión rebelde en Siria

Más de 230 civiles han perdido la vida en los combates por la región de Idlib

Al menos 450 personas han muerto y 330.000 han tenido que abandonar sus hogares desde mayo huyendo de los enfrentamientos entre Hayat Tahrir al Sham (HTS, paraguas de grupos yihadistas afines a Al Qaeda) y las tropas regulares sirias, según datos del Observatorio sirio para los Derechos Humanos (OSDH). Las tropas progubernamentales lanzaron una ofensiva el pasado mes en los confines de la provincia de Idlib, última región siria que escapa al control de Damasco y bajo dominio yihadista. En la comarca habitan entre dos y tres millones de personas. «Nos enfrentamos a un desastre humanitario que se está desarrollando frente a nuestros ojos», advirtió este miércoles ante el Consejo de Seguridad el coordinador de respuesta de emergencia de la ONU, Mark Lowcock, tras precisar que entre las víctimas se cuentan 230 civiles, 81 de ellos menores.

Los bombardeos y combates han dejado cientos de heridos y saturado los escasos centros médicos activos, que aseguran estar faltos de suministros. En los frentes han caído también más de un centenar de uniformados de ambos bandos en la última semana, según el recuento que hace el OSDH. “El objetivo de la ofensiva del Ejército [regular sirio] es el de recuperar dos zonas estratégicas para Damasco”, explica en conversación telefónica una fuente cercana al Gobierno. “Al sur, se trata de reconquistar la explanada de Al Ghad, acceso directo las arterias que unen las principales urbes. Al norte, aislar a los yihadistas para cortar su ruta de avituallamiento hacia Turquía”, acota.

Esta misma fuente eleva a entre 15.000 y 20.000 los efectivos allí desplegados por Damasco. Por su parte, los expertos estiman en entre 10.000 y 20.000 los muyahidines que luchan en las filas de HTS. Los extranjeros suman un tercio del total. Destacan los chechenos y uigures (musulmanes chinos de lengua túrquica). La escalada bélica que ha protagonizado Idlib en los dos últimos meses pone en entredicho el acuerdo sellado en septiembre de 2018 por Moscú (padrino internacional del Gobierno de Bachar el Asad) y Ankara (principal valedor de las facciones insurgentes salafistas en Siria) que ha respaldado Bachar el Asad. El pacto logró evitar más muertes civiles y frenar una estampida de refugiados hacia Turquía (que acoge a 2.7 millones de refugiados sirios) y cuya frontera permanece cerrada.

“La presencia de terroristas en Idlib es inaceptable”, defendió la semana pasada Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, para reiterar que se trata de medidas para “neutralizar las posiciones de fuego [yihadistas]”. Una respuesta dirigida al presidente estadounidense, Donald Trump, quien lanzó un incendiario tuit acusando a Moscú y Damasco de bombardear indiscriminadamente a la población civil. “El mundo es testigo de esta carnicería. ¿Cuál es el objetivo? ¿Qué os aporta? ¡Parad!”, increpó Trump.

Incendios de cultivos

Huyendo de la violencia, los civiles temen una ola de hambruna si prosiguen los incendios en la zona. En plena ola de calor, el 5% de los cultivos del país han sido pasto del fuego. Los incendios han afectado especialmente a Idlib, tradicionalmente agrícola y con una extensión que equivale a una décima parte del territorio nacional. “Estamos en temporada de cosecha y cualquier daño a los cultivos es un motivo de preocupación, ya que tendrá un impacto en la situación de seguridad alimentaria de la población. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) y sus socios están evaluando la extensión del daño”, dijo a EL PAÍS Lucía Fernández, Responsable de Comunicación del PMA en Madrid vía correo electrónico.

“Hay fuegos que han sido provocados por los soldados del régimen”, dice en conversación vía WhatsApp un miembro del Consejo Local de Idlib. “Pero otros son fruto de las altas temperaturas y la sequedad, accidentes de agricultores o del fuego cruzado”, lamenta. Tras la alerta hecha por la ONU, leales e insurrectos se han enzarzado en un cruce de acusaciones mutuas sobre la intencionalidad de los fuegos. Según datos del Centro de Información de Rojava, 450 kilómetros cuadrados de tierras de cultivo de todo el país han sido arrasados por fuegos provocado por el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés).

“En la ciudad [Idlib capital], por ahora los mercados siguen abastecidos de productos que llegan de Turquía aunque a precios elevados”, dice en conversación de WhatsApp Um Meriam, madre de cuatro y trabajadora en un orfanato. Ya a principios de año tanto EE UU como Europa paralizaron la financiación de proyectos de cooperación en Idlib por temor a que los fondos acaben en manos de grupos afines a Al Qaeda. Tan solo han mantenido los proyectos de emergencia. La mayoría de la población que habita esta comarca ha sufrido repetidos desplazamientos tras ser evacuados de diferentes bolsas insurrectas del país conforme el Ejército regular sirio ha recuperado el 65% del territorio nacional.

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